¿Cómo manejas las crisis de la vida?

Mi empleada doméstica, Ada Ramos, lleva más de 8 años de trabajar en los quehaceres en mi casa. Como es natural, he llegado a apreciarla no sólo porque limpia y hace lo que yo no puedo, por razón de mi trabajo, sino por la persona que es. Recientemente Ada recibió un diagnóstico contrario a su vida: cáncer de útero.

Recordemos que las crisis son eventos inesperados sobre los cuales no tenemos control; algo que no planeamos, pero que sucedió.

Ese diagnóstico para Ada es una crisis. Como es natural, vinieron los temores: ¿Viviré o moriré? ¿Qué será de mi hija adolescente si yo muero? ¿Sentiré dolor, sufriré mucho en este proceso? ¿Cómo voy a pagar por el tratamiento? ¿Perderé mi trabajo? Todas, preguntas válidas.

El día que me confió su situación lloraba mientras me lo contaba. Y yo, aunque entendía su aflicción la animaba con estas palabras que hoy quiero compartir contigo:
Dios puede sanarte de cualquier enfermedad y debemos confiar que su Palabra es verdad cuando dice que por sus llagas hemos sido curados. Pero, aunque no lo hiciera, Él sigue siendo Dios y sus planes siguen siendo de bien. ¿Qué es lo peor que puede suceder? ¿Perder la vida? Si has creído en Cristo y en su sacrificio, tienes vida, has ganado (no perdido) la vida eterna. ¿No creemos que vivir es Cristo y el morir es ganancia?

“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;” (Eclesiastés 3:1-2)
Incluso nuestra vida tiene un tiempo perentorio. De hecho, es como la neblina, que hoy está y mañana se desvanece. Así que más vale que, antes de que llegue nuestra hora, hayamos cumplido nuestro propósito. Esa debería ser nuestra verdadera preocupación, hacer aquello para lo cual fuimos diseñados.

Y a pesar de todo lo dicho, la crisis no es el momento para darnos por derrotados. Vamos a hacer todo lo que en nuestras manos esté para vencer la enfermedad o cualquier otra prueba que se nos presente. Los avances médicos también pueden ser instrumentos de Dios para traer sanidad. Nos vamos a someter al tratamiento indicado y a confiar que, como Dios tiene cuidado de las flores y de las aves del cielo, también tendrá cuidado de nosotros y proveerá lo que se requiera.

¿Puedes tú creer también?